viernes, 24 de octubre de 2008

Love you

Hace unos meses pensaba que el amor no era más que una utopía, una estrategia de marketing que se habían sacado de la manga los grandes almacenes para hacer su agosto en febrero, o un sentimiento pasado de moda y cada vez menos común y menos real.

Yo, que siempre he sido una persona de extremos ( o quiero o aborrezco, o río a carcajadas o endurezco el gesto hasta ser un bloque de mármol, o es negro o es blanco) me dije a mi misma que ya bastaba. No quería más fracasos, ni más sufrimiento. Había conseguido reencontrarme, estaba haciendo mi vida en solitario, me mudé de ciudad, cambié de trabajo y por fin empezaba a estar bien después de más de un tropiezo en la misma piedra mal puesta.

Cuando de repente todo mi mundo se revolucionó.

Una noche, aburrida y sin ninguna pretensión decidí ver qué se cocía. Entré y empezamos a hablar sobre enfermedades, dolores de garganta o algo así, creo recordar. Segundos más tarde, una chica trató de llamar mi atención mientras yo me hacía la sueca y

seguía hablando sobre tratamientos y medicina. Pero la chica en cuestión seguía en su tarea.

Se había propuesto ser el centro de mis miradas, y tras varias intentonas lo logró.

Llevamos casi cuatro meses juntas, y tengo la sensación de conocerla de siempre.

Nunca pensé que hubiera alguien tan afín a mí. Hoy me decía que me habían hecho para ella por la cantidad de cosas en las que coincidimos, y realmente es así.

Es contraria a lo de las medias naranjas, ella dice que cada persona es una naranja entera, y yo digo que si, pero que soy su ramita, o soy la naranja que la complementa. Lo mismo da una cosa que otra.

Lo cierto y verdad, es que esa vida ideal que me monté sola es ahora mucho más ideal, más rica y más plena gracias a ella.

Te quiero